lunes, 17 de febrero de 2014

Notas a pie de página

Para Laura y Viky, estupendas como pocos seres humanos

Se habían apagado hace poco tiempo las luces de la casa: era el cansancio, el saber que vivir cansa y, a veces, agota. La vida, tantas veces. Y así. Habían quedado papeles en las baldosas, en las paredes, en las sillas, algún papel, en la mesa. Una casa con papeles es una casa con palabras, había escuchado. Y caían palabras al suelo, en suicidio continuo, que afirmaban su pasado, la lucha cotidiana de quien se mancha en el día a día. Palabras de corto alcance y poca profundidad, que acarician, para bien y para mal, los labios y nos dejan un sabor agridulce en la sonrisa. Era el cansancio y saber, además, que todas estas palabras, en los pasillos de su casa, no pertenecían a su historia, no eran su historia. Alguna vez lo fueron pero hace demasiado tiempo. Necesitaba salir pero llovía. ¿Acaso importaba? Bajo un paraguas, se protegería de todos los silencios, de todos los gritos, de tanto tanto tanto caos en las esquinas. Caminar, caminar tranquilamente bajo la lluvia, derramarse a voces entre los charcos y saberse estrellas, sí, podía ser, bajo la lluvia, y gotas de agua clamando al cielo hasta borrar las palabras de todos los papeles, los papeles de todas las palabras. Barriendo hasta borrar los restos de las notas a pie de página de una vida. Notas a pie de página que se hacen conversación en un tren y, en noches de frío ya tranquilo, nos animan, nos hacen olvidar que hay y hay palabras, hay palabras y palabras, y un silencio tenso que se hace metro y nos lleva a vías muertas. No, no más vías muertas, ahora que hay, algunas veces, esperanza, y el día es largo, y difícil, y hay carteles que invitan a perder el tiempo en naderías, en escoger entre el egoísmo y la nada, y olvidan que el egoísmo es la nada, carteles que abrazan una idea hasta dejarla hueca, por callar un momento y escuchar, al otro lado, una mano que se acerca y dice odio, todos odiamos las esperas largas, la vida, momento a momento, y momentos eternos, que se hacen casi nada. Odio las esperas interminables, una mano que se acerca a una mano, y se hace paciencia, un día largo, eterno, pero ha llovido, sí, la lluvia borra huellas y borra cansancios. Y toca, toca volver, ya no hay papeles, toca volver, toca saberse, sin más, una nota a pie de página. Y, en un día como este, ya de noche, saberse una nota a pie de página desde la que saberse ya papel en blanco para escribirse, en blanco y negro, en todos los colores, para escribirse, un instante tras otro, vida

1 comentario:

PACOCAR dijo...

Empiezas leyendo «Se habían apagado hace tiempo las luces de la casa...» y tienes que seguir leyendo. después de una palabra otra palabra y otra, y otra, y otra. Cada vez el ritmo es más trepidante. Y no puedes dejar de leer. Has quedado atrapado por las palabras... Hasta que llegas a «para escribirse, un instante tras otro, vida». Y entonces, respiras.